No hubo forma de evitar
que te deslizaras como tifus colérico
mientras me tenías atado
de manos y pies
en las sábanas trajinadas
que sonaban a fanfarria.
Las mismas sábanas
que supieron de danzas de diablos
y de ángeles bebiendo champán.
Mientras hacíamos y rehacíamos el amor
como quien sonríe a tambor batiente,
tu duraznal boca
se daba lujos,
como sepultar mis pájaros,
o tabicar indefinidamente
a mi errante lengua,
que nunca supo de claudicaciones.
Juan Carlos Rodríguez
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario