Quizás tengas una geografía singular.
Tal vez un ojo de niña, otro de mujer,
o un seno de miel, y el otro de almíbar.
O el vientre de nácar y la piel de espuma.
Y el corazón ebrio de imaginar auroras.
En cambio yo,
puedo aportar una angustia infatigable,
la infranqueable muralla de mi designio
una fatalista manera de coleccionar vivencias
y el inconsolable rito de festejar derrotas.
Pero le sumo también,
la necesidad definitiva de rasgar tus telas,
las ganas locas de arrullarte los silencios
y el deseo salvaje de beber las savias de tu vientre.
Quizás tengas una geografía singular.
Quiero orillar tu continente.
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